Cuando hay complicidad, ilusión y ganas de que todo salga bien, todo sale muy bien.
Enamorados nos quedamos de los novios, Caroline y Noel, así como también de Ninna, artista, paisajista, pintora y por encima de todo, mamá de Caroline.
Lo nuestro fue amor a primera vista, nos entendimos a la perfección, a pesar de tener reuniones en tres lenguas diferentes y con variedad de husos horarios.
A primera hora de la mañana desde Canadá Ninna nos explicaba todas sus ideas sobre la puesta en escena; desde Dubai a punto de acabar el día, Caroline apuntaba todos sus gustos y predilecciones y aquí, en Barcelona al mediodía, tomábamos nota de todos los detalles para componer la decoración perfecta y soñada para el gran día.
Querían una boda wow, su deseo era sorprender a todos sus invitados y alimentar los cinco sentidos.
Sin duda alguna, la decoración y las flores eran los aspectos más importantes en el día de su boda. La ambientación debía ser dulce y elegante, sin llegar a la opulencia. Además tenía que concordar con la escenografía que otorga el Castillo Sant Marçal y con una cena servida deliciosamente al aire libre en un jardín, haciendo realidad el sueño de una noche de verano.
Y trabajamos mucho, muchísimo para cumplir todas sus expectativas. Nuestra apuesta fue fuerte y segura, miles de flores y velas por doquier.
Inundamos el Castillo de colores y aromas que todavía perduran en la memoria de todos: rosas malvas, dalhias café au lait, hydrageas lavanda, rosas nude, eucaliptus…
Caroline nos dijo al finalizar la noche: “Nos habéis hecho tocar el cielo y las estrellas, gracias por vuestra pasión y vuestro trabajo, estoy feliz”.
Misión cumplida, check, check, check!!!


